13 de junio de 2026
21:00 H.
Palacio de Villalegre
Espacio de Cámara
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Programa:
Wolfgang Amadeus MOZART
Serenata no 11 in Mi bemol Mayor para octeto, K.375
1. Allegro maestoso
2. Menuetto e trio
3. Adagio
4. Menuetto e trio
5. Allegro
Antonin DVORAK
Serenata para instrumentos de viento, violonchelo y contrabajo en Re menor op. 44
1. Moderato, quasi marcia
2. Minuetto. Tempo di minuetto
3. Andante con moto
4. Finale. Allegro molto
Serenatas de Palacio.
La transición del espacio sagrado al ámbito de la arquitectura civil noble encuentra su escenario idóneo en el Palacio de Villalegre. Este edificio del siglo XVI, uno de los grandes emblemas del Renacimiento accitano, abre las puertas de su patio columnado para recuperar la funcionalidad originaria de un género musical específico: la serenata. Concebidas para el divertimento nocturno, las veladas al aire libre y el deleite de las cortes señoriales europeas, las partituras seleccionadas para esta cita demandan una acústica diáfana y una atmósfera de sutil intimidad, cualidades intrínsecas a la fisonomía y proporciones de este recinto palaciego.
Un selecto conjunto de vientos de la Orquesta Ciudad de Granada es el encargado de dar vida a un programa que confronta dos épocas y dos sensibilidades estéticas unidas por el mismo espíritu de celebración. En la primera parte, la Serenata n.º 11 en Mi bemol mayor, K. 375 de Wolfgang Amadeus Mozart despliega el indiscutible refinamiento de la Viena de finales del siglo XVIII. Escrita para un octeto de maderas y trompas, la obra es un prodigio de equilibrio clásico donde los instrumentos dialogan con una transparencia que se acopla con naturalidad a la regularidad y simetría de las galerías del palacio.
Como contrapunto, la Serenata para instrumentos de viento, violonchelo y contrabajo, op. 44 de Antonín Dvořák traslada la audición a la plenitud romántica del siglo XIX. Aunque el compositor checo evoca conscientemente las estructuras del pasado, introduce en la obra la calidez, el lirismo y el vigor rítmico del folclore bohemio. La inclusión del violonchelo y el contrabajo dota a la formación de un sustento armónico más robusto y umbrío, idóneo para envolver los muros de piedra del patio. De este modo, la solvencia de la Orquesta Ciudad de Granada y la memoria señorial del Palacio de Villalegre se alían para demostrar cómo la música de cámara recobra su pleno significado al habitar la arquitectura para la que fue soñada.
